Sólo decir que este es un espacio donde un niño-hombre-pez hueco-esquizo-simple deja sus ilusiones-intenciones-compromisos-desvaríos, en forma de versos-lágrimas-insectos, un espacio para ausentes muertos que no llegan a besar el suelo o ni llegan a perderse o a encontrarse, ni existir...

8.05.2009

Apocalipsis



I. Encuentro, alma y mente.

Soy el alfa y la omega,
soy tan solo el principio para este fin.
Lo que soy ahora es por lo que era,
y por lo que vendrá de mí
cuando termine esta parodia,
que llamamos vida.
Soy tan solo un hermano más,
participe de la tribulación.


Estoy dentro del espíritu
de mis siete iglesias:
El verbo, ausente
la palabra, desnuda
el verso, inconciente.

La musa, manipuladora

la prosa, demente
la rima, infortuna
y el vil ego, siempre presente.


A cubierto de mi hostilidad,
se enaltecen candeleros de oro,
que iluminan o reverberan
el fuego fatuo del abismo.


Mi cabeza y mis cabellos
envueltos en una palidez exagerada.
Solo mis ojos conservan
la furia de la llama interior.


Mis manos,
ya se han perdido en un río de sangre,
mis pies,
bañados en bronce,
me rescatan del anzuelo de la lobreguez.
De mi voz,
silencios enfermizos,
que golpean como estruendosas olas
en la ausencia de un placebo.


Peregrino,
en un valium prometedor
del Apocalipsis now,
amarro con cadenas oxidadas,
las estrellas que cercan mi descuido.


Comienzan a parecer horas los segundos.


En mis labios,
se cohíbe una flor de loto,
y de mis venas se nutren puentes
que conducen la oquedad de esta suave brisa,
hacia el espectro silente
que abandona mis sombras.


Mis brazos como agudas espadas
incitan el odio por el tiempo.
Y mi rostro,
instantes atrás pálido,
se volvió como el sol
cuando resplandece en toda su fuerza.


Exhausto, caigo rendido,
y al verme en los espejos,
me veo muerto,
y lleno de vida a la vez.


Mi alma,
auxiliaba un consuelo,
mi corazón,
perdía lentamente su oficio.
La llave, tienta en mi pecho.
La muerte y Hades se regocijan…


Soy el primero y el último.
El primero en morir de pie,
y el último muerto en vida en renacer.


II. Ángel Efebo (a una estampita). Convenio de ansias.

Aprendí de tu inusitado ayer,
de tu inmaculada paciencia
a ser libre, atado
a un recuerdo omnipresente.


Aprendí de tus manos
a calmar a los idos en sí mismo
y a probar de los fieles
un gesto de aducción antes temido.


Veo en tus ojos
la lágrima que no olvidas.
Destierro de tus párpados
amores sombríos de otras muertes.


En tu nombre pondré mi estampa
de animal al acecho de besos profanos,
y en tu desmayo de cielo (resurrección)
ponderaré tu mensaje divino
por sobre cualquier astro de luz.


Recuerdo ahora,
que me miras
siempre envolvente y altivo.
Que tu vuelo no ha propiciado caídas,
mas,
en tu altura
has logrado el arrepentimiento de mis ansias;
Ya no flagelo el tiempo
por una sonrisa mal concebida,
ni encierro la esperanza
en almanaques ya estipulados.


Te miro,
tan frágil me siento por dentro,
que mi coraza termina por quebrarse
y en el ruido blanco del silencio
me dices: “aun puedo oírte”.
Me pides,
que te cuente mi despropósito,
del por qué luego de tanto tiempo
vuelvo a anclar en tu lugar.


(La oscuridad vuelve a la escena,
el nuevo ángel, extiende sus alas)


Escribo, en tu inquisición,
ser el nuevo ángel en Esmirna
otra vez reluciente, soy el primero
y a la postre el último
ser que estuvo muerto en la risa,
y vivo en la agonía.


Yo que me hice carne en tus actos,
que de tu tribulación vacié mis despojos,
que de tu pobreza milenaria pronuncie mi alma al placebo,
ahora,
sin embargo vengo
imprudente de eternidad,
cuan blasfemia del obispo moro judío
en la sinagoga de Satanás.


Que no tema, aclamas jocoso,
“el padecimiento,
es una cárcel en gracia,
mas, no es la llave a la causa vencida;
Pues, si aún tienes fe
escucha el llanto del espíritu
de tu segunda muerte…”


“Si quieren oír, pues oigan,
les daré a probar del manantial de los sabios,
abran la boca, déjenme llegar,
les daré una nueva triste estampita,
para que escriban,
no lo que les nazca,
sino lo que se les dictará…”


… ya estamos todos juntos en el mismo laberinto.


III. Mirándome desde afuera. Estado de ausencia de la mente en un cuerpo exaltado.

Consumado el necio
en su destreza apocalíptica
rogó a los dioses del Olimpo
volver a sentir
los ojos como llamas
y los pies como bronce fundido.


Pidió por la clemencia de su apóstol,
por el amor bendito en las venas
y por el servicio de la paciencia en el abrazo.
Pidió arrancarse los sentidos
por un segundo de gloria
en el futuro de los malvenidos.


Reprochó,
muy a su manera, enérgica y sombría,
el tolerar a las hembras
que embaucaron su corazón.
El profetizar la enseñanza
y la seducción de almas
antes que la fornicación
y el saciar la sed
con figuras de ídolos mundanos.


Pidió,
un tiempo de paz,
inexorablemente,
ya convicto a una sentencia despreciable,
se arrepintió de su reproche,
y pidió olvidar ese lapso inconciente
e indolente,
sonrió despojado de edén.


Ya recostado,
el individuo del ciclo apenas fluctuante,
adulteró el arrepentimiento,
y tomó las riendas de “hijos” manipulables
e hirió sin rencores probados
el lazo que sostiene
la mente con el corazón.


(El silencio de la habitación perturba la mente insaciable,
comienza a crearse un nuevo despropósito…)


De las profundidades del abismo silente lo acechan,
nadie puede saber,
que doctrina ha experimentado.
Ya no importa,
cuan grande sea la carga
mientras la retenga hasta la vuelta…


(El ángel abandona el oficio)
El hombre cae de rodillas, junta las manos como un bebé y dice:


“Quien venciere y guarde mi andar
será instruido por mi semblanza,
mas,
quien tome la vara de hierro
y abra puertas en nombre
de un poder inexistente
será bendecido con una estrella,
y en ella reinará,
solo, ermitaño…
y sin sentido alguno.”


IV. ¿Cielo? o diálisis de un quizás… (Aún estoy fuera de mí)

Confuso…
fugazmente hermoso,
vorazmente maldito.
Observa la inquietud de los astros
asomársele con desdén.


Las puertas del cielo se abren
con una luminosidad por demás detestable.
Como un estrepitoso tronar
una voz apagada en su resonancia, clama:
“ven, sube hijo mío,
que desde aquí, veras
lo que yo he visto, y te sorprenderás…”


(El cuerpo subió, la mente quizás no,
y el espíritu, lleva tiempo sin estar)


Al entrar en la presunción de edén,
el trono reluciente, inalcanzable,
a la izquierda,
una imagen de piedra, de jaspe impuro,
a la derecha,
un espejismo de agua, de sangre pura,
y en el centro,
una luz cegadora
como estela impropia de ser vista aún.


Sobre el trono,
relucía un arco iris de colores imaginarios,
cada color representaba una corona,
y contó quince coronas,
una a la piedra, otra a la sangre,
y una mas al recinto sagrado, aún impropio,
y las restantes,
a blancos reyes que se colocaban las suyas;
una sobraba, una era temida,
era la única que no brillaba.


Como suelo,
un cristal de ojos parpadeantes
marcando el camino de la aureola.


Y los reyes hablaron,
en un esquizofrénico unísono
“no eres el león
que bautizamos como rey viviente,
ni eres el becerro
que sacrificamos a la especie,
no vayas a creer ser el hombre
que mutilamos a la esperanza,
ni menos, ser el águila
que condecoramos con la destreza.


Mas, te afirmamos,
que desde ahora eres poderoso,
que ya no eres lo que eras,
ni serás lo quieras ser,
no sabemos el por qué,
entendemos,
que todo esta por venir.


Te pedimos entonces,
honres a quien de tu letargo
ha hecho un presuntuoso santuario.
No dejes pasar el momento de elixir,
y glorifica ahora mismo,
al signo, de los siglos de los siglos…”


(Desaparecieron los once reyes)


Sin entenderlo,
tomó coraje y siguió el camino
de los ojos parpadeantes…


Bueno, este escrito intenta ser un falso apocalipsis aplicado a una persona común,
espero que alguien lo lea completo que me llevo su tiempo en su momento jaja...
la canción que elegi esta vez, no puede ser otra que the end de los doors!...


3 estrías de entendimiento:

Kesdra dijo...

"El cuerpo subió, la mente quizás no,
y el espíritu, lleva tiempo sin estar"

Woah... leido de principio a fin y... bueno, increible, apocalypsisi now :P

La canción es perfecta, asi como the doors son perfectos (la mayoría de las veces.

Un abrazo poeta

Martín Jiménez Guerra (M.J.Réquiem) dijo...

Cambié el nombre del blog y por lo tanto cambió el enlace:

http://poesiacontrapoesia23.blogspot.com/

Saludos.

Minerva dijo...

Vaya tela niño todo lo que has escrito. Bueno yo lo he leído también de principio a fin. Y me han gustado mucho los cuatro, pero el primero me ha encantado nene. Sobre todo este párrafo:

La musa, manipuladora
la prosa, demente
la rima, infortuna
y el vil ego, siempre presente.


¿Cuántos de nosotros hemos sido manipulados (y torturados)por nuestra propia musa?

(ejem)

Y niño, mientras leía el resto de los poemas me venían flashes de la película de Constantine, con el apocalipsis que hay entre ángeles y demonios y la lucha por convertirse o destruirse. Ay llámame rara si quieres, pero es que me venían imágenes de esa película, y he de confesar que adoro esa película. ;)

Lo dicho lindo. Que de el tochazo de texto que has puesto hoy te has superado, enserio. Está tremendo.

Un besazo!!!!